Muchos de nosotros nos habremos encontrado en algún momento de nuestra vida con personas que nos “sacan de nuestras casillas”. No en una ocasión puntual, sino de manera constante. Alguien que te perturba, que te altera y con quien te puede resultar difícil, en un momento dado, mantener tu equilibrio. Lo que probablemente no sabemos es que esas personas son nuestros grandes maestros…

Los seres humanos somos seres sociables. Es decir, una gran parte de nuestra vida la dedicamos a relacionarnos con los demás, directa o indirectamente. De ahí que el tener relaciones sanas y positivas con los que nos rodean sea uno de los pilares fundamentales de nuestra calidad de vida.

Generalmente, cuando comienzas a investigar sobre ti mismo, cuando comienzas a darte cuenta de que puedes aprender de todo aquello que te sucede, comienzas a vivir en un estado permanente de paz. Puede que no siempre estés sonriendo, puede que de vez en cuando te enfades o sientas miedo, pero, aunque la sonrisa externa no sea imperturbable, la interna sí lo es. En ese momento, tus relaciones con los demás mejoran de manera exponencial. Parece que esa sonrisa la compartes con quien te rodea y los conflictos comienzan a ser cada vez menos, y menos importantes.

Una de las formas más potentes que hay de llegar a ese punto de bienestar, de autoconocimiento, es tomando consciencia a través de nuestros maestros.

  • ¿Quiénes son esos maestros?
    Son personas, generalmente cercanas, que nos impactan profundamente. Algunos iluminan nuestras virtudes: la compasión, el amor, la gratitud… Pero otros, sin embargo, iluminan nuestras sombras...

    La irritabilidad irrumpe la armonía y comenzamos a reaccionar en lugar de responder.

  • ¿Por qué llamamos “maestros” a quienes nos alteran?
    Precisamente por eso, porque iluminan nuestras sombras. A través de ellos podemos hacer conscientes muchas “cualidades negativas” que ocultamos en nosotros mismos, aquellas que nos limitan y boicotean, sólo por el hecho de quererlas esconder. Y mientras se queden escondidas, mientras permanezcan siendo inconscientes, seguirán siendo sombras.

    La vida nos pone delante a personas que nos ayudan a evolucionar. Todo crucigrama tiene detrás la solución y toda persona regala un aprendizaje, una pequeña llave que abre nuestros ojos y nos ayuda a darnos cuenta de quiénes somos.

  • ¿Cómo nos enseñan?
    Haciéndonos de espejo. Al vernos reflejadas en ellas, nos hacen tomar consciencia. Por ejemplo, si Fulanito no soporta el comportamiento de Menganito quizá debería plantearse lo siguiente: “¿Por qué eso que hace Menganito que me molesta tanto?”. Y, lo más complicado: “¿Qué veo en Menganito que también veo en mí y estoy rechazando?” “¿Cuál es mi sombra?”. Es complicado porque a nuestra mente y a nuestro ego les gusta llevar la razón. Cuando preguntamos a nuestra guía interior, la que todos tenemos, a un nivel profundo, encontraremos la respuesta y, con ella, la solución. Llegará un momento en que a Fulanito ya no le moleste el comportamiento de Menganito. Y no será porque Menganito haya cambiado su forma de actuar, en absoluto: ha convertido a su “enemigo” en aliado porque, en realidad, cuando sacamos la sombra a la luz, deja de perturbarnos.

    Cuidado: eso no significa que te tenga que “gustar” cualquier cosa. No significa que, en un momento dado, no te pueda molestar una mentira o un insulto. Tampoco significa que debas evitar tomar distancia de aquellas personas que no te aportan o que no te ayudan a crecer como persona. Pero al descubrir el aprendizaje que encierran esas relaciones para ti, las afrontarás desde otro estado: desde el equilibrio y no desde la irritabilidad.

  • Y, ¿cómo lo hago?
    Simplemente, observa. Presta atención a lo que te molesta sin juzgar y permanece abierta a la respuesta que llegue. Libre de juicios, de excusas, de rencor y, en definitiva, de cualquier limitación mental. Si no limpias las gafas, no podrás ver con claridad, claridad mental.

    Esto es lo más importante: utiliza todo para avanzar en tu propio conocimiento, aunque la mente te ponga excusas y justificaciones.

    Observa. Los maestros nos rodean. ¿Dispuestos a aprender lo que nos quieren enseñar?

 

Por Úrsula Calvo para enfemenino.

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