7 Formas para encontrar el equilibrio en medio de este mundo acelerado



Es una realidad ineludible que vivimos en un mundo en el que todo transcurre de manera completamente acelerada. El trabajo y la vida personal se apresuran y mezclan generando un sinfín de tareas, actividades y , responsabilidades, que, en ocasiones, pueden resultarnos díficiles de conciliar como realmente nos gustaría. Nos apresuramos en nuestras vidas, lo que nos genera una incómoda sensación de que nuestro ritmo interno sólo cuenta con dos velocidades: rápido y más rápido.

Esta actividad frenética dificulta el intento de encontrar el equilibrio interior. Si bien, este estilo de vida acelerado que puede crear la falsa ilusión de productividad, a menudo conlleva un alto coste a la hora de alcanzar la armonía interior y el equilibrio entre mente y cuerpo; afectando negativamente a la salud, la calidad de vida, el bienestar y, en consecuencia, a nuestra felicidad.

Señales que advierten la necesidad de encontrar el equilibrio interior:

Algunos de los principales indicadores que señalan este desequilibrio, y que cada vez están más presentes en nuestra sociedad actual, se traducen en síntomas como:

  • Mente hiperactiva
  • Impaciencia
  • Reducción del tiempo de atención
  • Dificultad de concentración
  • Estados de preocupación y ansiedad
  • Fatiga y cansancio crónico
  • Inquietud y estrés
  • Incapacidad para relajarse
  • Mayor impulsividad en nuestras decisiones y actos

Estos rasgos, se han convertido en un daño colateral totalmente aceptados en el estilo de vida que marca la sociedad moderna, y “vivir acelerados” se ha instalado como algo natural en nuestras vidas. Saltamos de una actividad a otra, sumergidos en una acelerada danza de movimientos no conscientes, buscando colmar cada segundo con la mayor actividad posible. ¿Es acaso posible encontrar el equilibrio en un mundo tan acelerado? Afortunadamente, sí. Y está en tu mano. Te desvelamos 7 formas con las que podrás, de forma sencilla y eficaz, encontrar el equilibrio interior.

7 formas de encontrar el equilibrio en un mundo acelerado:

1. Tomar consciencia de que el aceleramiento es una forma de pensamiento:

“Ir corriendo” es contraproducente para la salud y el bienestar de nuestra mente, y, por tanto, para nuestra felicidad. Es vital entender que moverte por la vida a un ritmo frenético no es beneficioso a largo plazo, y esta ha de ser tu principal motivación para comenzar a reducir el hábito de vivir aceleradamente. Una vez hayas tomado consciencia de que esta veloz carrera no te llevará más lejos, sino que es una ilusión que nace de un pensamiento condicionado, es el momento para asumir la responsabilidad de tomar una decisión diferente.

2. Tener la intención de bajar el ritmo:

Aunque es el primer paso, reconocer que deberías bajar el ritmo, no es suficiente. Es necesario un compromiso real, contigo mismo, para encontrar el equilibrio y armonizar tu ritmo de vida con el ritmo natural que necesita tu cuerpo y mente. No puedes cambiar el ritmo de lo que te rodea, pero sí puedes establecer la intención, con firmeza, de buscar la armonía entre ambos. Establece esta intención y recuérdala diariamente para que permanezca en tu consciencia a lo largo del día.

3. Desarrolla una relación sana con el tiempo:

Tu experiencia con el tiempo se basa en tus percepciones, por ello, es importante adoptar e interiorizar la actitud de que, aunque el tiempo es ilimitado, aprovecharlo de la manera más eficiente posible está en tu mano. Al organizar tu agenda, recuerda reservar pequeños huecos entre las distintas actividades o tareas, para poder atender aquellos imprevistos que seguramente vayan apareciendo a lo largo del día, o simplemente para tomarte un breve respiro.

4. Decide conscientemente cuándo puedes reducir tareas y, en ocasiones, decir “no”:

A menudo, podemos excedernos comprometiéndonos demasiado, sin tomar verdadera consciencia del tiempo del que disponemos realmente. Examina con detenimiento todas las actividades antes de agendarlas y establece prioridades. Es muy probable que puedas eliminar algunas menos relevantes. También es importante saber cuándo puedes decir “no”, de cara a ayudar a mantener un equilibrio saludable en tus actividades diarias. Otra sugerencia, es recurrir a la “Ley del mínimo esfuerzo”, que, aunque comúnmente tenga otro significado, no es más que buscar la forma más eficiente de realizar cada tarea. Recuerda que, en muchas ocasiones, podemos lograr más haciendo menos, sólo tenemos que optimizar la forma en que resolvemos cada asunto o actividad.

5. Practica la meditación: cultiva la atención consciente del momento presente:

La meditación desarrolla nuestra capacidad de enfocar más y mejor nuestra atención en el momento presente, además de aportarnos una mayor calma mental, fuera de la mente agitada y acelerada, activando en nuestro organismo el estado de “alerta-relajada”. Desde este estado, naturalmente establecemos un mayor equilibrio interior, manteniéndonos activos, presentes y mucho más concentrados y productivos desde nuestra mente calmada. El simple hecho de poder convertirnos regularmente en el observador de los pensamientos que suceden en nuestra mente, ayuda a ralentizar el ritmo de la vida, eliminando el impulso inconsciente de acelerarnos. A través de la meditación, experimentamos nuestra verdadera naturaleza como seres humanos, fuera de la mente condicionada, ampliando nuestra capacidad de estar más presentes en el Ahora, en cualquier actividad que estés realizando.

6. Rompe con el patrón que marca la conducta del aceleramiento:

Cuando sientas que te ves atrapado en una espiral de velocidad, y aparezca la incómoda e improductiva sensación de “no tener tiempo”, haz una pausa, cierra los ojos si puedes, lleva la atención a tu cuerpo y respira profunda y lentamente. Imagina como si te movieras a cámara lenta, mientras el mundo pasa a alta velocidad frente a ti. Concéntrate en el ritmo constante de tu respiración, recordando que tu verdadera naturaleza no es la actividad que te rodea, sino el testigo consciente que observa esa actividad.

7. Recuerda que “No por correr más, llegarás más lejos”:

O, lo que es lo mismo en la jerga popular: “Vísteme despacio, que llevo prisa”. Estas frases, proverbios de la cultura tradicional popular son un recordatorio de que, al reducir la velocidad, podrás tomar decisiones más deliberadas, conscientes y, por tanto, más eficientes y resolutivas. Con la repetición, las acciones realizadas desde la calma, desde el estado de “alerta-relajada”, se vuelven más fluidas y eficientes, hasta que, finalmente, este patrón de conducta se automatiza, traduciéndose en resultados más rápidos. Es decir, ir más despacio te ayudará a alcanzar tus objetivos y resolver tus actividades y tareas más rápidamente. Por tanto, sólo cuando desaceleras y bajas tu ritmo mental, eres capaz de tomar la decisión más acertada que te conducirá a la satisfacción y felicidad que deseas.

 

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