Mis conversaciones con Arturo: Lo que creo, lo creo



Ayer presencié una discusión tremenda entre un padre y su hijo. El tema era la hora de llegada a casa. El padre decía a su hijo, Arturo, que no tenía edad y que en su casa se hacían las cosas a su manera, como lo había hecho su padre con él, ya que él era el que mandaba. El hijo, universitario de más de 20 años, decía que esas normas pertenecían a otros tiempos, a ninguno de sus amigos le controlaban la hora de llegada y sentía que no confiaba en él.

Empecé a pensar la cantidad de veces que había oído esta polémica a lo largo de mi vida y que, dependiendo de las circunstancias de cada uno, los dos podían tener razón, ya que cada persona ve la realidad a su manera… pues cada uno tenemos una percepción de la realidad y nadie tiene la visión completa ya que "el mapa no es el territorio" como dicen en Programación Neuro Lingüística.

Desde pequeños instauramos valores y creencias en nuestro inconsciente que pueden limitarnos o potenciarnos en muchas de las actuaciones de nuestra vida.

No nos damos cuenta de que nos están condicionando puesto que se crean en función de nuestras experiencias o a través de personas importantes y creíbles para nosotros como nuestros padres, maestros, tv, refranes... Se instauran en nuestro inconsciente sin preguntar y, lo más curioso, es que la mayoría de las veces ni siquiera las cuestionamos, solamente las seguimos fielmente.

"Lo que creo lo puedo crear" ¿Has pensado en esto alguna vez? Es curioso comprobar que la primera persona de indicativo del verbo creer y del verbo crear se conjuguen de la misma manera: "Yo creo" ¿No te parece?

Te voy a contar una pequeña anécdota que lo ilustra perfectamente: "Una niña contempla que su madre, cuando va a cocinar carne asada, corta un trozo de carne y lo separa sin utilizarlo. Al preguntarle por qué lo retira, la madre le contesta "No lo sé, mi madre siempre lo hacía". Al llegar la abuela ese domingo a comer, la nieta le consulta sobre el por qué de quitar el trozo de carne de la pieza y la abuela le responde "No sé, así lo hacía mi madre". Por la tarde, al visitar a la bisabuela en la residencia, la niña, con una gran curiosidad, le cuestiona la necesidad de cortar el pedazo de carne antes de asarla y ésta le respondió "Porque si no... ¡No me entraba en la cazuela!

Y yo digo...¡Menos mal que la niña sintió curiosidad! porque sino esa creencia hubiese seguido vigente por generaciones, simplemente "porque mi madre lo hacía así".

La buena noticia es que podemos actualizar nuestras creencias eligiendo unas más acordes con nuestros valores. Tenemos la oportunidad de elegir los recursos que necesitamos para decidir hacia dónde queremos acercarnos y de dónde queremos alejarnos. Poseemos todo el potencial en nuestro inconsciente y hay técnicas para conseguirlo.

Lo importante es que hemos venido a ser felices. Es nuestro derecho y, también, nuestra decisión.

 

Por Paloma García Riera

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera, Pedagoga, Coach de equipos, liderazgo sistémico y Mediación en Comunicación No Violenta con dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.