¡No te hagas bola! La clave para hacer un grano de arena de un mundo



De los creadores de “rizar el rizo” y “¡déjate de rollos!” llega… ¡No te hagas bola! Y es que estos grandes sabios ya descubrieron dónde se hallaba una de las claves más importantes de la paz eterna…

En muchas ocasiones nos encontramos con una pequeña “situación” que acaba convirtiéndose en la Tercera Guerra Mundial. Muchas veces no sabemos cómo ha llegado a ese punto, pero dar marcha atrás resulta muy complicado. Y nos preguntamos: ¿cómo he llegado a esto?

Bueno, la respuesta es fácil: haciéndote bola. Una pequeña bolita de nieve puede convertirse en un gran iceberg si dejamos que ruede demasiado, pues va acumulando cada vez más nieve hasta que llega el momento en que ya no puedes jugar más con ella, y romperla es casi imposible. Lo mismo ocurre con algunos asuntos del día a día.

Algo tan baladí como que no te coja el teléfono, puede convertirse en una ruptura si se le da demasiada importancia. ¿Cómo se acumula la nieve? Con nuestro propio pensamiento, en forma de suposiciones, acerca de lo que ocurre. “No me coge… No me puedo creer que sabiendo que le iba a llamar (y que además le necesitaba con urgencia), siga sin prestar atención a su móvil... En realidad, es tan sencillo como mantenerlo cerca y con sonido. ¡¿De verdad cuesta tanto ponerle el sonido al teléfono?!...” “No. Es que es una cuestión de “el detalle”. Debería tener el detalle de cogerme el teléfono sólo por una vez. ¡Una vez que se lo pido!... “ Esto demuestra lo mucho que le importo....” Igual que la vez que le pedí que ..... tampoco pudo ponerme a mí como prioridad...” Y así continúa y continúa… Hasta que llegas a la conclusión de que “Esto ya no es lo mismo, definitivamente…”.

En realidad, puede que efectivamente no le importe tu llamada, o puede que, simplemente, se haya quedado sin batería. En cualquiera de los dos casos darle bola no ha mejorado nada la situación, sino que, al contrario, ha generado malestar en ti y, seguramente, un conflicto importante con esa persona. Sea cual sea la razón, ¡has hecho un mundo de un grano de arena! Esto no significa que, en un momento dado, analices si demasiados granos de arena necesitan tomar una decisión ;). Pero si has hecho un mundo de cada uno de ellos, no estarás en condiciones de tomar decisiones correctas.

¿Cuántas veces hemos dejado que nuestro pensamiento nos meta en líos? ¿Cuántas veces podríamos haber solucionado las cosas de una forma sencilla, y hemos permitido que nos secuestren pensamientos negativos y, generalmente, inútiles?

Existe gente que, sin embargo, parece que hace todo muy fácil, ¿no? Cuando hablas con ellos, tienes la misma sensación que cuando apagas la campana de la cocina: paz y liberación. El ruido mental, esa olla exprés metida en la cabeza, no nos permite ver las cosas con claridad y parece que estamos encerrados en una montaña rusa.

De lo que podemos darnos cuenta es de que el botón de “off” lo tenemos justo delante (en realidad, dentro) y que el pulsarlo depende únicamente de nosotros. ¿Cómo?

1. Toma consciencia de tus pensamientos

Date cuenta de que estás pensando y, después, de en qué estás pensando. Toma consciencia de que en realidad los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y que no tienen por qué ser ciertos, así que puedes preguntarte: “¿me hacen sentir bien?”, “¿me sirven para algo?”, “¿solucionan algo?“, ”¿cómo me siento cuando tengo estos pensamientos?”. Si lo que te están generando es malestar, es el momento de pasar al siguiente punto.

2. Vuelve al Ahora

Permite que esos pensamientos se vayan con la misma facilidad con que han llegado ¿Cómo? Lleva la atención a tu respiración por unos instantes. Siente cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Vuelve, sin juzgarte en absoluto, al único sitio donde hay cordura en este momento: el Ahora.

3. ¡Tómatelo con humor!

Como decía Óscar Wilde: “La vida es demasiado importante como para tomársela en serio”. Ahora que ya no estás secuestrado por esa negatividad, imagínate a ti mismo con ese pensamiento enfurecido pasando delante de ti, y diciéndole “adiós” con la mano. Y después, si es necesario, actúa. Quizá en este momento no puedas hacer nada, pero quizá sí. Lo importante es no actuar “mal-pensando”, porque ese acto probablemente no traiga consecuencias deseables. Si siembras pepinos, recoges pepinos. Si siembras pensamientos desagradables, recogerás consecuencias desagradables. Así de simple.

En realidad, no se trata de hacer un grano de arena de un mundo, sino de darse cuenta de que ese mundo no existe más que en nuestra “cabeza”.

 

Por Úrsula Calvo para

Europa Press

 

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