¿Cómo influir de verdad en los demás?



¿Cuántos progenitores se han unido a una Asociación de padres y/o se han leído todos muchos libros acerca de una educación eficaz, y todavía siguen sin saber cómo entenderse con sus hijos?

¿En cuántos cursos de persuasión, liderazgo y negociación nos hemos involucrado? Y, ¿cuántos han funcionado realmente?

Muchas personas reconocen haber adquirido información valiosa sobre cómo influir verdaderamente en los demás, a través de la formación teórica, pero muy pocas afirman haber alcanzado su objetivo por completo.

Y, por el contrario, parece haber personas que inspiran y no dejan a nadie indiferente. ¡Y no solemos coincidir con ellas en talleres de oratoria!

Pese a que el título del artículo es “¿Cómo influir de verdad en los demás?” la auténtica pregunta es “¿Cómo influir de verdad en los demás, de la forma que deseo?”, pues la influencia es inevitable. Cada persona con la que tenemos contacto se lleva algo de nosotros, y a la inversa. Tenemos impacto en las personas de forma ineludible, pero no siempre es el impacto que nos gustaría tener.

¿Cuál es la clave? ¿Qué ha hecho de grandes personas como Jesucristo, Buda, Santa Teresa, Nelson Mandela o Gandhi los mayores influencers de la historia?

Todos ellos tienen algo en común: no ponían el foco en el cambio de los demás, en que “fueran de una determinada manera”. Ese es el camino aparentemente fácil y cómodo, hasta que nos damos cuenta de que es estéril y extenuante.

Pretendemos que las personas que nos rodean se cambien a sí mismas para adaptarse a nuestras necesidades. Tratamos de imponer nuestras razones, incluso si ello conlleva sacrificar la relación con personas que amamos. Pretendemos cambiar a los demás, porque no nos “vienen bien” ciertas cosas.

Y no nos damos cuenta de que la única manera saludable y efectiva de influir en nuestro entorno es a través de nuestro propio ejemplo.

Hace falta valentía, pero merece la pena darse cuenta de que, si queremos ver un cambio en los demás, debemos iniciar ese cambio en nosotros mismos. Porque no importa cuál sea el objetivo concreto. Puedes molestarte porque tu familia no es todo lo transigente y comprensiva que te gustaría, y entonces te darías cuenta de que tú no estás siendo transigente y comprensivo con ellos. O quizá lo que quieres es que tu jefe reconozca tu trabajo, pero tú no te estás dando el reconocimiento que pretendes conseguir de él. Resulta curioso ver cómo gente que lucha contra la intolerancia, suele ser la gente más intolerante con los intolerantes.

Cuántas veces hemos gritado a nuestros hijos: ¡DEJA DE GRITAR DE UNA VEZ!

Esta falta de coherencia con nosotros mismos y con la realidad es lo que nos impide tener un impacto en nosotros y, en consecuencia, en los demás.

Los buenos líderes se sitúan en la primera línea de batalla, y eso comienza por mirar primero dentro. Como ilustra Gandhi en una de sus frases más célebres: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Y, curiosamente, cuando te conviertes en eso que quieres ver fuera, lo de fuera cambia. Sin saber por qué, la gente te reconoce y te tiene más en cuenta. Eres escuchado y valorado, aunque no lo pretendas conscientemente. Comienzas a tomar mejores decisiones, basadas en el autoconocimiento y la responsabilidad sobre tu vida, que te llevan a conseguir aquello que quieres con menos esfuerzo, sin tanta lucha. Te conviertes en un ejemplo para la gente que te rodea y consigues inspirar por lo que Eres, incluso sin tener esa intención. Es ahí cuando influyes realmente – y de la forma que deseas – en los demás.

Si quieres explorar este maravilloso camino, existe una herramienta muy poderosa para cultivar el Ser, esas cualidades maravillosas que ya están en nosotros mismos y que queremos ver en los demás: la Meditación. Dedícate un rato de calidad cada día y encuentra “dentro de ti” el cambio que quieres ver “ahí fuera”.

 

Por Úrsula Calvo para

 

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