Mis conversaciones con Beatriz. Consejos vendo y para mí no tengo



Ayer me encontré con una vecina que hacía tiempo que no veía. Estaba contrariada porque había tenido un altercado con su hija. Ésta estaba muy estresada por el trabajo, sus hijos, la casa... y mi amiga le aconsejó que dejase parte de su profesión y se dedicase más a su familia, pues la echaban de menos y la necesitaban.

Un consejo dado con todo el cariño. De una madre hacia una hija... ¿Se puede pedir más? "Pues, me comentó mi vecina, se ha puesto como un basilisco y me ha propuesto que no me meta en su vida, que siente que no me pongo en su lugar, que no la entiendo y que me aplique el cuento" Beatriz estaba entre indignada, dolida y desconcertada.

Suele ocurrir. Sin que nadie nos lo pida y, por supuesto, desde el cariño, damos nuestra opinión a una persona querida, un familiar, un amigo, a un compañero de trabajo... ¡Y no siempre acertamos! En muchas ocasiones no estamos preparados para dar esa información porque no conocemos todos los pormenores de la situación, otras veces aunque los conozcamos, no estamos escuchando activamente a quién nos lo cuenta o, incluso, porque nos quiere comentar su experiencia para desahogarse, no para que opinemos sobre ello.

Nos equivocamos por amor. La mayoría de las veces los consejos se dan desde fuera. No estás en su piel, ni en el mismo momento o situación. No estamos involucrados de la misma manera que la otra persona y nuestra sugerencia se puede malinterpretar, hasta el punto de que la otra persona se sienta incomprendida por no estar de acuerdo con ella o no entender sus sentimientos, emociones o actuaciones.

Todas las personas poseemos en nuestro interior el poder para solucionar los problemas, todos somos capaces de encontrar la mejor manera de sentirnos felices. Y muchas veces, lo que uno cree o siente es muy diferente a lo que cree o siente el otro sobre la misma circunstancia.

No permitamos que nadie nos diga lo que podemos o no hacer... lo que tenemos que hacer o no. La decisión siempre es de cada uno con sus vivencias, con sus necesidades, con sus deseos...

Lo que sí ayuda es hacer de "espejo" para que la otra persona encuentre su propia solución y podemos apoyarla sencillamente "estando" .

Cada uno tenemos un camino que recorrer. Es tu camino. Podemos acompañar al ser querido, pero nadie puede caminar por él.

Esta frase me hace reflexionar mucho sobre el tema... ¿A ti?

 

Por Paloma García Riera

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera, Pedagoga, Coach de equipos, liderazgo sistémico y Mediación en Comunicación No Violenta con dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.

 

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