Mis conversaciones con mi casa de origen



Estamos en otoño, caen las hojas convirtiéndose en una alfombra natural de unos tonos ocres y rojizos. No hace frío. Está el cielo cubierto por las nubes, como si estuvieran protegiendo la ciudad.

He recogido las últimas pertenencias de la casa de mis padres. Mi casa, la de mi infancia. Cuando estábamos todos. La sensación ha sido de nostalgia profunda. Esa tristeza que parte el alma. Al llegar a este piso tenía trece años, a esa edad me acababa de despedir de la primera vivienda familiar.

He recorrido cada estancia... la de mis padres, honrando tantos momentos de amor, de dicha compartida, tantos aprendizajes, tantas situaciones vividas, unas estupendas y otras no tanto. Todas me han ayudado a ser quien soy.

Después llegó el turno de mi habitación, la que he compartido con mis hermanas desde niña hasta que me fui a formar mi familia, a los veintitrés. Los recuerdos se agolpan de forma atolondrada, amontonándose y mezclándose risas, secretos sobre amigas, chicos y maquillaje; charlas en noches interminables; Serrat y Enyd Blyton, ChittyChitty Bang Bang y las primeras discotecas, los primeros romances...

El siguiente dormitorio era el de mi hermano, con el que disfrutaba de una relación muy especial entre maestro, amigo y protector. Reviví momentos de confidencias, guitarra, Beatles... Se fue muy rápido, en pocas horas. No nos dejó acostumbrarnos ni a despedirnos poco a poco, como hicieron los demás...

LLegó el turno al salón donde nos reunimos tantas veces por cumpleaños, fiestas, navidades, ¡Porque sí!. Desde ahí salimos los hermanos para casarnos y retornamos a él con nuestros hijos.
Había mucho desorden. Cosas por todos los lados igual que el día que llegamos a ella, del domicilio anterior, y en la que reconstruimos nuestro hogar. Hoy he dicho adiós a los espacios, a los objetos que se van a quedar entre estas paredes y que ya no tienen importancia. Una última mirada antes de cerrar la puerta con ojos húmedos. Ahí ya no existe nada. Los recuerdos y ellos irán conmigo.

Y salgo a la VIDA, ayudada por la familia que me acompaña: mi marido, mis hijos, mi hermana, mis sobrinos, mis amistades, esa familia del alma, y, también, los que se han ido a otro plano desde donde me guían y velan por todos nosotros.

En este otoño de mi vida hace viento, las hojas se arremolinan en las aceras y en los parques. El árbol sigue en pie viéndolas moverse sin inmutarse. Han cumplido su función y ahora nutrirán la tierra, mientras espera las que brotarán en primavera.

Nunca olvidaré este otoño. Me sé el camino. Todo evoluciona y, en breve, estará aquí el invierno que dejará paso a la primavera y ésta al verano. Cada estación despide a la otra y así es una y otra vez. Siguiendo su ejemplo continuaré caminando, diciéndome a cada paso, como me enseñaron mis progenitores: ¡Adelante, ahí está la VIDA!

 

Por Paloma García Riera

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera, Pedagoga, Coach de equipos, liderazgo sistémico y Mediación en Comunicación No Violenta con dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.

 

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