Mis conversaciones conmigo 4. Sobre la Navidad



Ya huele a Navidad. Todos los establecimientos se engalanan y es un placer para la vista sus bolas de colores, estrellas, corazones... Aunque quieras escaparte, ¡es imposible!. La navidad se siente en todas partes. 

Suenan Villancicos de alegres melodías que transmiten unas veces nostalgia y otras bienestar. Se aprecia un incansable vaivén de las personas que buscan regalos o viandas. Casi todas las cadenas de televisión ofrecen películas en las que siempre existe la magia. En la mayoría de los hogares comienza ya el desfile de los dulces típicos de estas fiestas que se anuncian por doquier con un "vuelve a casa por Navidad". Es inevitable la asistencia a comidas y reuniones de empresa o con amigos y familiares para despedir el año envejecido y preparar el nacimiento del nuevo que nos ofrece millones de oportunidades y para el que nos hacemos miles de propósitos que, en su gran mayoría, se quedan en buenas intenciones. En muchos casos también está presente la ilusión por lo que imaginamos hacer si nos toca el "gordo" de la lotería.

Existen personas que esto les encanta, lo disfrutan volviendo a su infancia o a momentos en los que se han sentido bien. Decoran sus casas y celebran con familia y amigos estos días tan emblemáticos. A otros, sin embargo, por situaciones personales o familiares, les embarga una melancolía por los que no están, porque les abruman tantos compromisos, la búsqueda de presentes o por el bullicio de la ciudad.

Muchas se dejan días para poder viajar durante estas fechas para ir a sus ciudades de origen o para viajar a la nieve o cualquier otro destino. Mientras que otras están en la época puntera de ventas y tienen que hacer horas extras.

Para mí es algo más. Me gusta el estado de ánimo que provoca en mí esta época y adorno mi casa para acompasar mi interior con el exterior. Obviamente añoro a los que no están, aunque en este tiempo retoman un protagonismo especial en mi vida y en las reuniones familiares les recordamos con humor y amor.

Me gusta ver la buena voluntad en las personas con las que me cruzo en la calle, la alegría, la esperanza, la ilusión, el "buen rollo" que, en general, se respira. Yo este año les pediría a los Reyes Magos que continuase este estado entre las personas, que nos durase hasta la siguiente navidad, que recordásemos los buenos propósitos para nosotros mismos que, sin duda, harán felices también a la gente que nos quiere.

Sí. Mis regalos no necesitan ser materiales. Quizá un viaje en buena compañía, cenas a la luz de las velas, tardes de cine y palomitas, confidencias basadas en proyectos interesantes, ser portadora y receptora de buenas noticias, disfrutar de una comida realizada con ternura y calidez...

¿Has pensado que es posible que se cumplan tus deseos? Prueba a escribir tu carta con ilusión. Dar lo mismo que quieres recibir y... ¡la magia está servida!.

 

Por Paloma García Riera

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera y Mijares. Pedagoga. Coach de equipos y liderazgo sistémico. Mediadora en Comunicación No Violenta. Dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.

 

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