Mis conversaciones con Andrés. Regalo de cumpleaños



A principios de diciembre cumplió años uno de mis alumnos del grupo de 2º de primaria, Andrés, y le sentí raro. Es un niño que siempre está bromeando con sus compañeros y, en esta ocasión, se apreciaba cierta tristeza en la mirada. 

Al terminar la clase le cantamos "cumpleaños feliz" y le preguntamos cómo lo había celebrado y qué le habían regalado. En su respuesta me di cuenta del porqué de su sentir; No había podido celebrarlo con sus amigos ni con sus familiares. Ese día le compraron un pastel para soplar las velas y de regalo tuvo un billete de cien euros. No sabía cuándo lo festejaría con su familia, ni si podría invitar a algún amigo.

El resto de los niños se asombraron. Sus comentarios iban dirigidos sobre la suerte que tenía con ese billete verde... Era mucho dinero y ellos nunca habían tenido un regalo de ese importe. Sin embargo Andrés seguía triste. Con ojos acuosos dijo "Sí, es mucho dinero, pero con un billete no se puede jugar".

Intenté relativizar lo más posible la situación y les propuse un juego pedagógico, que le encantó, antes de volver al recreo.

Sin embargo ese día no pude pensar en otra cosa. No juzgo ni sentencio la actuación de sus padres. Seguro que el motivo que les llevó a proceder así fue desde el amor y su comprensión del momento. Es difícil, a veces, darnos cuenta de las consecuencias de nuestros actos. Tal vez es posible un detalle del "bazar chino" en el último momento, agendar con tiempo la compra del obsequio, quizá tener algún libro o juguete en casa "por si acaso el ratoncito se adelanta..." o, simplemente, decirle que se celebrará el siguiente fin de semana y el regalo será la fiesta, el cine, el parque de bolas... o lo que quieran hacer todos juntos. A veces más vale esperar...

Cuando lo hablé con sus padres se quedaron muy sorprendidos. ¡Pensaban que era lo que quería! Ese mismo día solucionaron la situación preguntándole qué quería que hiciesen toda la familia el siguiente sábado y le acompañaron a unos grandes almacenes donde eligió su regalo. Al día siguiente volvió a clase y ¡ya tenía su expresión de siempre!.

Muchas veces no somos conscientes de la respuesta del otro por nuestros actos ya que, aunque estén hechos desde el amor, no siempre son acertados.

Ser conscientes, admitir el error, pedir disculpas y llegar a acuerdos puede ser una vía a seguir. Hay muchos caminos. Lo importante es la aceptación y el cambio. ¿Se te ocurre alguna solución para esos momentos en lo que no aciertas?

 

Por Paloma García Riera

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera y Mijares. Pedagoga. Coach de equipos y liderazgo sistémico. Mediadora en Comunicación No Violenta. Dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.

 

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