Mis conversaciones con Carlota. Seguir caminando



Hace unos días me encontré con una compañera de trabajo y me comentó que estaba fatal por un problema acuciante con su marido. Me decía que no podía dejar de pensar en ello y que no lograba encontrar ninguna solución que les fuese bien a ambos. Además lo agravaba la angustia que sentía cada vez que reflexionaba sobre esa situación.

Me acordé entonces de la primera vez que hice el Camino de Santiago y le relaté mi escatológica experiencia: "Una mañana que empezó a orvallar como dicen los asturianos y gallegos, nos vestimos adecuadamente para la lluvia y empezamos a caminar. Cuando llevábamos una hora llegamos a un lugar muy extenso lleno de boñigas ablandadas. El hedor era nauseabundo y la visión indescriptible. No había alternativa... ¡era imposible sortearlas! Durante unos segundos pensamos posibles soluciones sin éxito. La única forma de avanzar era a través de aquello. Lo hicimos. Fue una coyuntura muy desagradable para los sentidos y, al mismo tiempo, me ha servido mucho para otras circunstancias en mi vida".

Me explico. Recordar ese camino lleno de excrementos de vaca, ser consciente a la hora de "verlo, olerlo y escucharlo" bajo mis pies mientras caminaba es como si me sumergiese de pleno en mi problema actual. Fueron unos minutos terribles... ¡solamente unos minutos!. Cuando se acabaron esos metros escabrosos seguimos caminando y nos duró poco la conversación sobre lo acontecido.

Continué con mi relato: "Varias horas después, al llegar al hotel, volví a acordarme del tema al pensar en la escrupulosa limpieza que tendría que hacer en mis botas. Cuál no sería mi sorpresa cuando al mirar las suelas... ¡Estaban limpias! No quedaba ni un resquicio de lo pisado.

Así, le dije a Carlota, es como ocurre en la vida. Si pones el foco en una situación dolorosa y no haces más que prestar una atención constante al conflicto, éste se pega a tu sombra siguiéndote a donde vayas. Si te enfrentas a tu sombra, es decir, coges al toro por los cuernos como se dice popularmente, te duele un tiempo prudencial, lo que dura la emoción. Si no es así, se enquista, se "hace bola" naciendo un sentimiento perjudicial para ti y para los otros que puede durar una vida entera".

Por tanto cada uno decidimos si "coger el toro por los cuernos" o " hacerlo bola".Lo que está claro es que, desde entonces, procuro seguir caminando ya que la vida no se detiene y el paralizarme por una experiencia vivida es como montarme en una bicicleta estática... ¡No me lleva a ninguna parte!

Y tú... ¿Tienes ahora alguna situación que se te haya atragantado?

 

Por Paloma García Riera y Mijares

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera y Mijares. Pedagoga. Coach de equipos y liderazgo sistémico. Mediadora en Comunicación No Violenta. Dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.