El falso amor



Lo que tendemos a llamar “amor” es realmente un “querer” con condiciones. Y no hay nada que se aleje más del amor que las condiciones

¿Por qué hay tantos conflictos en las relaciones de pareja? ¿Por qué las personas pasan de estar completamente enamorados a sentir asco o desprecio hacia el otro? ¿Qué está ocurriendo para que una misma persona suscite emociones tan distintas en cuestión de poco tiempo?

Realmente todas estas preguntas tienen una respuesta clara.

Empecemos por el principio. Chico conoce a chica. Chica conoce a chico. Ambos pasan un tiempo juntos, se atraen, hay un deseo de conocer al otro y de dejarse conocer… Se enamoran. El misterio y la pasión son la base fundamental. Y empiezan los juicios y expectativas: ¿Qué buen hijo es? ¿Cómo de buen padre sería? ¿Tiene sus manías? ¿Cómo será nuestra vida dentro de 10 años?

Poco a poco y de forma casi imperceptible, ya nos hemos formado una imagen clara acerca de cómo es el otro y lo que a mí me aporta o me puede aportar. Es una media naranja perfecta y brillante, con “sus cosillas”, pero nada que no se pueda manejar.

De vez en cuando hay algún roce que otro, pero todo eso parece que va uniendo más a la pareja.

Pero… Llegó el primer “pero”.

Esas “cosillas” que no parecían tener importancia, se están convirtiendo en verdaderos “problemones” que acarrean mucho conflicto.

Puede que esta historia te suene o puede que hayas vivido otra distinta. La historia no es importante. Lo que sí es importante es saber qué hay ahí que hace que las relaciones sean una fuente de euforia y de sufrimiento al mismo tiempo.

El Amor no puede transformarse en odio ni en resentimiento. El Amor no responde a ninguna necesidad ni deseo. El Amor no tiene “peros”.

ERROR 1: “DEBERÍA”

La fuente de los conflictos en las relaciones radica en un pensamiento: “debería” (o “no debería”). La diferencia entre lo que creemos que debería ser y lo que Es, es lo que genera dolor.

Si tu pensamiento afirma que debería ser más atento, y lo que tú consideras es que no lo es, hay enfado, tristeza, decepción, o cualquier otra forma de sufrimiento. Y tratamos de cambiar al otro, en lugar de revisar nuestro pensamiento.

¿Acaso alguna vez cuestionamos si verdaderamente el otro debería ser como tú quieres que sea? La realidad es que no lo es, y por mucho que tratemos de darnos de bruces contra un muro, el muro no se va a mover.

Eso no significa que las personas no cambien, pero desde luego no lo harán porque tú se lo digas. Siempre que ese sea tu objetivo, habrá conflicto.

ERROR 2: “ME COMPLETA”

Esa pretensión de cambiar al otro se sustenta por el deseo de cubrir una necesidad propia. Intentamos adaptar a nuestra pareja para cubrir nuestro propio vacío. Como si de una pieza de puzzle se tratase.

Con esta idea errónea de fondo, las relaciones completas son una auténtica utopía. Más que eso, estamos delegando en el otro la responsabilidad de nuestra propia felicidad, y nos estamos dejando endosar la misma carga.

¿Cómo no vamos a intentar cambiar al otro si pensamos que de él depende nuestro bienestar? ¿Cómo no vamos a quejarnos y a fracasar en nuestras relaciones si pretendemos que cubran una necesidad encubierta y cambiante?

Todo está en ti. Eres un ser completo y perfecto como eres. Y cuando te das cuenta, ves al otro completo también, aunque no necesariamente “ideal”. Lo bonito de una relación es poder compartir la completitud.

Sin una actitud de mirada hacia dentro, habrá relaciones temporalmente satisfactorias, pero que pronto desvelarán la otra cara de la moneda.

ERROR 3: “ESPERO”

Las expectativas, los “ideales” de cómo te gustaría que fueran las cosas, no son más que pensamientos y creencias que si no se manifiestan, acaban por convertirse en un “espero que…”.

¿Cómo quiero que el otro se comporte? ¿Cómo quiero que sea nuestra relación? ¿Qué quiero que el otro me haga sentir?... Todas estas preguntas acabarán por convertirse en un “espero que cambie…”.

Y todos estos “espero que” son los que hacen que nos pasemos la vida esperando a vivirla.

Aspirar a algo más en una relación no tiene por qué suponer un problema, siempre que ese cambio se enfoque desde lo que “yo puedo hacer”.

¿Cómo me gustaría sentirme? ¿Qué cosas me gustaría experimentar? ¿Qué quiero compartir? Son preguntas que pueden ayudarte a clarificar tus deseos y a tomar consciencia de si las decisiones que tomas están alineadas con ellos. Si te gustaría experimentar la estabilidad y eliges el conflicto cuando la ocasión se presenta, ten claro que llevas el piloto automático en la otra dirección.

Esta es la correcta formulación de las preguntas: en primera persona, basadas en experiencias (y no en formas de conseguirlas), y en presente.

¿Significa esto que “todo vale” y que hay que “conformarse”? En absoluto. Simplemente que nadie te dará lo que esperas, a menos que así lo decida por sí mismo. Si has decidido que quieres compartir tu camino con esa persona, transfórmalo en un amor de verdad. Sin culpas, sin resentimientos, sin desprecio, sin sufrimiento.

Y, ¿cómo lo haces?

Primer paso: Aprende, de la mano de un instructor experimentado, y practica Mindfulness, ¡lo verás muy claro!

Ya no hay más pasos ;)

 

Por Úrsula Calvo para 

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