¿Negado a perder o enfocado en crear?



Los seres humanos tenemos miedo. Esto no es nada nuevo. Miedo al fracaso, miedo a la soledad, miedo a la impotencia, miedo a la resignación… Y, por encima de muchos otros, tenemos miedo a la pérdida.

En muchas ocasiones, nuestro miedo a la pérdida supera a nuestra motivación de logro, porque “más vale pájaro en mano”. Esto no sólo es una gran limitación a la hora de alcanzar metas y objetivos (además de grandes aprendizajes), sino que es una forma de esclavitud silenciosa… Y nuestra cadena es el apego hacia aquello que creemos poseer.

¿Cuántos trastos guardamos en casa “por si acaso algún día”? ¿Y esos pantalones que nunca te pones pero que guardas para alguna ocasión especial? ¿De verdad necesitamos todos esos lápices del IKEA?

En realidad, todas esas son manifestaciones de nuestro miedo a la pérdida y de nuestro apego hacia las cosas. Porque donde digo lápices del IKEA, también hablo de relaciones tóxicas que, por no querer soltar, nos ocupan espacio.

Sólo por un momento, imagina lo que sería vivir desapegado de todo aquello que tienes o crees tener… Simplemente, permitiendo que las cosas se vayan y desaparezcan, con la misma facilidad y alegría con las que vinieron. Imagina cómo sería vivir una vez erradicado el sufrimiento que causa el apego hacia las cosas.

El concepto de “desapego” no es un término moderno derivado de una sociedad con multitud de recursos, sino que se lleva utilizando desde hace millones de años. Es decir, que independientemente de si tenemos mucho o poco, tendemos a estar aferrados a ello desde el origen de los tiempos.

Lo que también es cierto, es que son pocas las personas que llegan a “vivir en desapego”, sin aferrarse a nada y viviendo plenamente el momento presente. Es natural tener deseos, y sufrir cuando algo no sale como queremos; ilusionarnos con una idea y sentir impotencia cuando no encontramos la forma de continuar.

Y eso también forma parte de la vida… La convierte en una experiencia apasionante.

Pero esta experiencia apasionante puede convertirse en un auténtico thriller si nos dejamos secuestrar por el miedo y no aprendemos a utilizar las herramientas de las que disponemos para alcanzar una vida fuera de serie.

Una de las herramientas más poderosas con las que contamos es la atención.

A cada instante recibimos miles de estímulos que provienen tanto del mundo externo como del interno. Recibimos señales auditivas, visuales, químicas (olfato y gusto) y táctiles, al mismo tiempo que pensamos, tenemos emociones, nos comunicamos, etc. Hay tanta sobrecarga de información que nos resulta imposible procesarla toda simultáneamente, por lo que nuestro sistema necesita de algún “filtro”. Ese filtro es la atención.

Es un fenómeno curioso… El cerebro sólo presta atención a un 2% de la información que recibe. Y aquello a lo que prestamos atención, crece. Es decir, se presenta de forma más frecuente en nuestras vidas.

Muchas madres afirman que rara vez habían visto una embarazada hasta que ellas también quedaron encinta. A muchas personas recién divorciadas les parece que todo lo que ven son parejas felices.

Estos son varios ejemplos de lo que ocurre con este fenómeno de la atención.

Es por eso que existen dos formas de mirar la vida: negado a perder o enfocado en crear.

Es la diferencia entre pasar meses valorando las mejores formas de ahorrar o buscando maneras de generar ingresos. Es la diferencia entre bloquearse ante una ruptura o un despido, y buscar los aprendizajes de la experiencia y las oportunidades para continuar adelante.

No se trata de arriesgarse o de dejar de valorar lo que tenemos por lo que podríamos tener. Consiste en enfocar nuestra atención hacia aquello que queremos para que crezca, en lugar de enfocarla en lo que no queremos (para que también lo haga).

Tanto si tu mentalidad es de abundancia, como si es de escasez, eso mismo observarás en tu vida.

Prestar atención hacia aquello que quieres es semejante a redirigir las velas de la embarcación. Y eso, está en mano de todos.

Por Úrsula Calvo para

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