Mis conversaciones con el agua. LLuvia



Sentada en mi lugar preferido observo la lluvia incesante en un día triste de agosto.

Rayos sobre el mar. Truenos lejanos. Sonidos del agua en el techo de cristal recordándome que es fuente de vida.

Somos un porcentaje altísimo de agua. Sin ella no hay vida. Sin ella los prados serían desiertos pajizos.

Cuando lloramos también derramamos parte de nuestra agua interna dando vida a una posibilidad diferente a la situación que estamos perdiendo. Estas lágrimas limpian desde adentro hacia afuera. Son sanadoras, en gran parte de las ocasiones, si no se hacen hábito. Es importante llorar las pérdidas para dejarlas ir, para que no se enquisten en el alma.

Hoy llora el exterior y mi interior. Acompasándose. Haciéndose uno.

En breve saldrá el sol y mi sonrisa. Olvidaré la pena que ahora me parte el alma porque escogeré el aprendizaje y los recuerdos alegres que he vivido. Lo importante. El resto se quedará como charcos en los que procuraré no meterme para evitar que salpiquen mi presente de una forma infructuosa.

¿Has sentido alguna vez lo mismo que yo?

 

Por Paloma García Riera y Mijares

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera y Mijares. Pedagoga. Coach de equipos y liderazgo sistémico. Mediadora en Comunicación No Violenta. Dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.