Despertar el corazón compasivo para ser auténticamente felices



“El amor tiene que ponerse en acción. Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos” (…)”El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y que se encuentra al alcance de todas las manos”
Madre Teresa de Calcuta

Puede resultar tentador, después de empezar con esta maravillosa frase, relacionar la compasión con cuestiones religiosas o de fe. Sin embargo, hablar de compasión es hablar de Humanidad. Es hablar de lo que nos une a todos los seres sintientes. Es hablar de amor, de bondad, de comprensión, de amabilidad y de lo que ocurre cuando estos se encuentran frente al dolor o sufrimiento.

La compasión no es lástima, pena, empatía o ser indulgente con los demás. La compasión es el sentimiento que nace de ver a otro ser sufrir y querer ayudarlo para aliviar ese sufrimiento. Es la intención de poner en acción ese amor que sentimos por el ser que sufre, para ayudarlo a liberarse de él.

Es darse cuenta de que ser humano implica sentir y, por tanto, ser vulnerable. Pero también de que tenemos una capacidad para amarnos y amar innata e inconmensurable que podemos cultivar para vivir en plenitud.

Atravesamos un momento en el que el dolor y sufrimiento están, si cabe, más patentes que nunca. Aprovechemos esta o cualquier otra circunstancia que creamos dolorosa para ponernos manos a la obra y cultivar la compasión para transformar las cosas. ¿Qué crees que pasaría si cada uno de nosotros actuara desde su pequeño ámbito de influencia de manera compasiva consigo mismo y con los que tiene a su alrededor?

“Se el cambio que quieres ver en el mundo” Ghandi

Primer paso: Practicar la atención amorosa hacia uno mismo

No se puede dar aquello que no se tiene. A menudo tendemos a ser nuestros peores enemigos. Solemos ser intransigentes con nuestros fallos, nuestras debilidades y con aquellos sentimientos y emociones que nos “hacen sentir mal”. Nuestro nivel de autoexigencia roza muchas veces lo irracional. Numerosos “tengo que…”, “no puedo permitirme…”, “no quiero sentirme así …”, “soy un desastre…”, forman parte de nuestro dialogo interno, generando una impotencia y sufrimiento desde el que es muy difícil poder brindar una ayuda útil a los demás.

La autocompasión es el deseo de vernos a nosotros mismos libres de ese sufrimiento. Es adoptar una actitud comprensiva y amorosa hacia nosotros mismos y darnos cariño. Es entendernos y aceptarnos, sobre todo en aquellos momentos en que las cosas no salen como queremos.

Consiste en tratarnos a nosotros mismos como tratamos a las personas que más queremos. Con cariño, comprensión e interés. ¿Qué crees que pasaría si a un ser querido que se siente mal o cree haber cometido un error le trataras como te tratas a ti mismo cuando cometes un fallo o no te sientes bien?

No debemos confundir autocompasión con egoísmo. Al contrario. Se trata de cultivar una actitud que nos permita estar en la mejor disposición posible para ayudar a los demás. Que nos permita sentirnos bien para poder extender este sentimiento a otros. Una actitud que nos facilite poder reconocer en el otro el sufrimiento y ofrecer los recursos necesarios de los que disponemos para ayudarle a paliarlo.

Una actitud que nos permita diferenciar que no se trata de cargar con el sufrimiento del otro, si no de ofrecer nuestra ayuda amorosa para que pueda salir de él.

La autocompasión nos permite salir del bucle reactivo del sufrimiento y adoptar una postura proactiva ante los obstáculos o inconvenientes. Cultivar la autocompasión nos permitirá darnos cuenta de la perfección que existe detrás de cada situación, de cada error, sufrimiento, malestar o revés, porque gracias a ellos podremos descubrir el potencial que tenemos para transformarlos.

Quiero proponerte una práctica muy sencilla y cortita pero tremendamente poderosa para cultivar la autocompasión. Aquí te detallo los pasos, pero te animo a que veas el vídeo y la pongas en práctica para que tú mismo compruebes los resultados.

Pausa de la Autocompasión (o atención amorosa hacia ti mismo)

Cuando te encuentres o recuerdes una situación que te produzca dolor o sufrimiento sigue estos sencillos pasos:

1. Ponte la mano en el corazón. Tal vez notes el calor de la mano

2. Toma 2 o 3 respiraciones lentas y profundas

3. Repite estas frases

• “Este es un momento de dolor”. Mientras, lleva atención plena a las emociones y sensaciones que estén presentes, sin juzgarlas, sólo dándote cuenta de que están ahí.
• “El dolor es parte de la vida y de la humanidad que comparto con todos los seres del planeta”.
• “Merezco darme comprensión y todo el cariño del mundo”.

4. Date un cariñoso abrazo.

Beneficios de cultivar y practicar la Compasión y Autocompasión

Cada vez son más los estudios científicos que evidencian los beneficios que la práctica de la compasión y la autocompasión producen tanto a nivel físico como mental. En estos estudios se ha constatado que su práctica:

• Reduce la depresión y los niveles de estrés
• Aumenta la resiliencia
• Estimula las actitudes positivas y aumenta la sensación de satisfacción personal
• Refuerza las conexiones con familiares y amigos
• Produce verdadera felicidad, … y duradera

Mindfulness y Compasión

La práctica del Mindfulness o Atención Plena nos permite cultivar, desarrollar y vivir la compasión de una manera serena, plena y real.

Para poder cultivar la compasión o autocompasión el primer paso es percibir el sufrimiento en los demás o en nosotros mismos, y sólo estando presentes seremos capaces de hacerlo. Vivir en modo reactivo nos impide percatarnos ello. Sin embargo, practicar la Atención Plena nos permitirá identificar ese dolor o sufrimiento cuando aparecen sin enturbiarlo con juicios que desvirtúen lo que realmente Es. Sólo estando presentes podremos darnos cuenta de los pensamientos saboteadores, sentir plenamente las emociones que nos causan dolor, y darnos el espacio que necesitamos para vivirlo y dejarlo ir. Y, desde ese corazón despierto, abierto y amoroso, podremos observar cómo nace en nosotros ese deseo de ayudar o ayudarnos, a través del recurso que consideremos más adecuado.

A veces quizás sea sólo cuestión de brindar nuestra presencia o, en el caso de nosotros mismos, simplemente regalarnos unos minutos de silencio y quietud. De Estar con aquel que sufre para que sepa que no está sólo. Otras veces nuestra sonrisa iluminará el día oscuro de alguien o nuestro abrazo reconfortará un corazón herido. No se trata de pensar que tenemos que hacer grandes proezas ni sacrificios para tratar de paliar el sufrimiento ni ajeno ni propio. Simplemente se trata de “hacer cosas ordinarias, con un amor extraordinario”.

 

Por Úrsula Calvo para 

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