Mis conversaciones con Juan. Ocuparse en vez de preocuparse



El otro día me encontré con el padre de un alumno que traté hace algunos años. Después de ponernos al día sobre los avances de su hijo, me empezó a comentar una variedad de circunstancias adversas que acontecían en su vida en los últimos meses. Se le veía muy apesadumbrado, a pesar que, desde mi punto de vista, no había ninguna que revistiera mucha gravedad, aunque sí parecían incómodas.

Según me iba comentando los problemas, se iba exaltando al plantear cada situación de una forma más dramática que la anterior. Además, reiteraba que todas las personas a las que se lo contaba le daban la razón de que estuviera así de contrariado por los acontecimientos, que él definía como catastróficos.

Yo le comenté que a mí me parecía que los sucesos que me explicaba, como una multa por exceso de velocidad, tener que llevar el coche al taller para un arreglo y quedarse unos días sin él, un par de suspensos del hijo que le iban a hacer plantearse unas vacaciones controlando los tiempos de estudio de su vástago o una inundación del piso de la playa al vecino de abajo…, no eran suficientes para amargarse esos días de su vida. Todo tenía solución y algunas de las cosas carecían de importancia, aunque fueran molestas y necesitasen dedicación. Le planteé que nos tomásemos una caña y me hablase de dónde iba a ir de vacaciones o cómo pensaba celebrar su inminente cumpleaños para que se ocupara de esos otros temas cuando llegase el momento y dejara de darle vueltas constantemente.

Al principio reaccionó con desagrado al no sentirse entendido por mí y nos despedimos dejando el aperitivo para otro día. Sin embargo, cuando hablé con él una semana después, cuando ya había solucionado varios de los problemas que tenía, me comentó que le había venido bien salir del círculo de la queja y disfrutar de lo que la vida le estaba ofreciendo, dedicando el tiempo necesario para enfocar la solución y olvidarse de los problemas hasta el momento en que ponía en marcha la solución. Me repitió una frase que comentamos y que hizo suya: “Me ocupo y no me preocupo

Me di cuenta de que, si admitimos las reiteradas quejas de los otros, las reforzamos y no les dejamos avanzar hacia la solución, que casi siempre suele haber y, en caso contrario, lo recomendable sería aceptar lo que la vida te manifiesta sin poder modificarlo.

Y tú, ¿te preocupas o te ocupas de lo que sí puedes hacer?

 

Por Paloma García Riera y Mijares

 Paloma García Riera

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Paloma García Riera y Mijares. Pedagoga. Coach de equipos y liderazgo sistémico. Mediadora en Comunicación No Violenta. Dilatada experiencia en Formación y Docencia. Coautora de la herramienta "El Árbol Mágico" o cómo alcanzar objetivos con la ayuda de tu Niño Interior. Apasionada de la capacidad de felicidad del ser humano y del potencial de las personas.