Leyendo a Eileen Caddy, en Tu voz interior, me quedé pensando en la siguiente frase: “Un bebé no puede volver al vientre de su madre cuando la vida se hace difícil. Un polluelo no puede volver a su cáscara, ni una mariposa a su crisálida, La vida no puede ir hacia atrás. Ha de ir adelante, siempre adelante…” y, de repente, mi mente hizo un “click”.
Así nos sentimos cuando las circunstancias no se dan como queremos… pedimos que se pase esa situación sin ni siquiera buscar el para qué la hemos vivido. Un espermatozoide y un óvulo, antes de fusionarse, no sirven para nada. Un polluelo antes de nacer, al no estar fecundado, se convierte en un alimento habitual, si una mariposa no sale de su crisálida, habrá sido un gusano que no pudo volar.
En los tres ejemplos, antes de ver la luz hay un sufrimiento necesario para salir a la vida, aunque no nos demos cuenta ahora. Si a la mariposa le ayudamos a salir de la crisálida para que no sufra… no podrá volar, pues sus alas no se habrán fortalecido. Si el huevo fecundado se rompe desde fuera será para utilizar el huevo como alimento mientras que, si el polluelo lo rompe desde dentro, habrá vida… Y al bebé se le corta el cordón umbilical al nacer para que empiece su independencia y su vida.
En los tres casos, pasarán por un sinfín de situaciones, unas mejores y otras peores que los llevarán a forjar su existencia de la manera que les haya tocado vivir.
En el caso de la persona, la diferencia es que, según vamos creciendo, seguimos formándonos y podemos elegir el cómo responder ante las circunstancias de la vida.
Ahí radica la diferencia entre el ser humano y los demás seres vivos. En nuestro poder de decisión.
Y tú ¿has hecho también un click?







