¿Os habéis dado cuenta de que nos solemos disfrazar, habitualmente, en vez de mostrar cómo somos en realidad?
A veces, podemos sentir la necesidad de ocultar nuestra verdadera naturaleza y mostrar una versión más «aceptable» o «socialmente adecuada» de nosotros mismos.
Esto puede ser debido a la presión social, el miedo al rechazo o la búsqueda de aprobación. Sin embargo, ocultar nuestra verdadera identidad nos puede llevar a sentimientos de inautenticidad y desconexión con nosotros mismos y con los demás.
En otras ocasiones ocurre que podemos escondernos detrás de un disfraz para evitar sentirnos de una manera determinada, poco agradable… Es decir, cuando nos preguntan ¿qué tal te va? solemos contestar que nos va bien, cuando estamos sintiendo fuertes sentimientos, y no queremos hablar de ellos, para no abrir la caja de Pandora… y, sin embargo, la imagen que damos es la de una vida “perfecta” sin problemas…
También puede ocurrir que comentemos sólo lo que va mal con la intención de que nos cuiden o con la absurda idea de que, si comparto mis “desgracias” con los demás, serán menos pesadas… sin darnos cuenta de que, cuando nos hacemos la víctima, agotamos al resto y llega a ocurrir que, cuando nos ven venir, intentan pasar desapercibidos para que no les salpiquemos con nuestros conflictos…
Por eso, mostrar nuestra verdadera naturaleza, puede ser liberador al permitirnos conectar de manera más auténtica con los demás y nos ayudará a aceptar lo que es, tanto las situaciones que son agradables como las que no lo son… Simplemente es que en unas disfrutamos de lo que nos toca vivir y en otras aprendemos una enseñanza.
Y tú ¿te sientes como si estuvieras mostrando tu verdadera identidad en tus relaciones y en la vida en general? Si no es así ¿qué te impide ser más auténtico?






