Esta noche estuve reflexionando sobre la cantidad de veces que la gente está compitiendo, intentando mejorar al otro. Realmente nos enseñan desde pequeñitos, en el cole, la familia, la sociedad… a ir mejorando hasta llegar a ser de los primeros.
Viéndolo con la distancia que dan los años y la experiencia vivida, me doy cuenta de que no es que esté mal intentar avanzar lo mejor posible en el camino elegido, siempre que no sea una esclavitud y nos lleve a sentirnos mal por no tener un 10, pues ya queremos un 11… El tema es que está incompleto.
La idea de que solamente pueda brillar nuestra luz es falsa y dolorosa, pues siempre puedes sentirte amenazado por el temor a que te superen… Sin embargo, si fuéramos capaces de reconocer la luz del otro, eso activaría nuestra propia luz. Es decir, cuando apreciamos y reconocemos la bondad, la belleza, la sabiduría, la creatividad o lo que sea en alguien más, eso puede tener un efecto positivo en nosotros mismos.
Al reconocer y apreciar la luz en los demás, podemos sentirnos más conectados y unidos con ellos, inspirarnos y motivarnos para ser mejores y reflejar y amplificar nuestra propia luz interior.
Esto se relaciona con la idea de que tanto la energía como las emociones son contagiosas, y que cuando nos rodeamos de personas y energías positivas, podemos beneficiarnos de ellas y crecer como personas.
Te animo a cultivar la apreciación y el reconocimiento de la luz en los demás. Te darás cuenta de sus ventajas antes de lo que te imaginas.
Y a ti ¿te ha pasado que cuando alguien te reconoce, te sientes más lleno de energía?






