Cómo dejar de preocuparte



Preocuparte es abrir el tapón por dónde se va la energía que necesitas para ocuparte de los desafíos.

Preocuparte no es planificar, ni anticipar un posible suceso con el objetivo de buscar soluciones prácticas; es darle vueltas de forma compulsiva a una posible situación que aún no existe, y que probablemente nunca vaya a existir.

Partamos de una realidad: cuando algo sucede, es siempre Ahora, en el momento presente. Es en el Ahora donde se presentan los retos y también las herramientas, las respuestas y los recursos necesarios para resolverlos.

Planificar está bien y le podemos dedicar un tiempo en el Ahora que decidamos. Pero el 99% del tiempo nos trasladamos al futuro sólo para anticipar un montón de situaciones terribles y sufrirlas como si ya fueran una realidad.

Conceptos erróneos

“Si no me preocupo es que no me importa… “
“Si no me preocupo pareceré una persona frívola, deshumanizada, fría…”

Estas creencias limitantes, que son del todo falsas, hacen que ni siquiera nos planteemos dejar de el hábito nocivo de preocuparnos.

No preocuparse no significa permanecer indiferente ante los desafíos, es sólo una cuestión de sentido común

A las personas que te rodean no les sirve de nada que te preocupes por ellas. Lo que realmente importa es que estés ahí para ocuparte cuando verdaderamente puedas ayudarles frente a una dificultad de la vida. Lo demás, es desgaste y melodrama.

¿Por qué es tan importante ocuparse en no preocuparse?

  • Una cuestión de salud y calidad de vida

El cerebro no entiende la diferencia entre un hecho real que está sucediendo en este momento y un hecho imaginario por el que estás sufriendo. Requiere la misma energía al organismo y le somete al mismo desgaste. Todos conocemos los efectos devastadores del estrés, y la preocupación es su ingrediente base.

  • Una cuestión de energía y eficacia

Winston Churchill dijo: “me pasé toda la vida preocupado por cosas que nunca sucedieron”.

¿Cuántas cosas te han preocupado en el pasado que nunca han sucedido?
¿Sabes la cantidad de oportunidades y de energía que has perdido por ello?

Comprender esto es vital, y es el primer paso para una vida plena, productiva y en paz.

Tal vez puedas pensar: “Si no me preocupo no podré estar preparada para lo que pueda ocurrir…” ¡Esto no es cierto!

Cuando la mente no pierde energía preocupándose por lo que pueda suceder, accedes a su gran potencial. Planifica de forma voluntaria y racional, y después céntrate en el momento presente.

No puedes imaginar la capacidad que tiene tu mente para dar soluciones a los retos, cuando surgen, si te mantienes presente y no has estado perdiendo energía inútilmente.

¿Cómo puedo dejar de preocuparme?

Si tienes más de doce años, posiblemente creas que no es posible. Pero ¡sí que lo es!

Sólo hace falta un poco de entrenamiento, y te aseguro que hay pocas cosas que merezcan más la pena que liberarse de las preocupaciones

Este es mi método, empieza a practicarlo y en un tiempo me cuentas… ;)

  • Para cuando estés preocupado

¿Qué te preocupa? ¡Escríbelo! …

  • ¿Puedes hacer algo Ahora para resolver esa situación? Si la respuesta es Sí
    ¡Hazlo! ¡Ahora! ¡Quítatelo de encima! No permitas que anide en ti y se haga una montaña de un grano arena
  • ¿Ahora no puedes hacer nada, pero sí en otro momento…?
    Agéndalo. Escribe en tu agenda el día y hora en que has decidido ocuparte de ese asunto
  • ¿No puedes hacer nada?
    1. Recuerda que es muy probable que nunca suceda y olvídalo
    2. Si te cuesta olvidarlo, enfréntalo. Imagina qué supondría realmente para tu vida el hecho de que sucediera. ¿Es tan terrible?
    3. Vuelve a recordar que probablemente nunca suceda
  • Para evitar preocuparte…

Medita, establece una rutina diaria de meditación. Por un lado, cada vez te llegarán menos pensamientos de preocupación, de forma natural y sin que te des cuenta. Por otro lado, con ese poderoso entrenamiento mental serás capaz de apartar tu atención con facilidad de aquello que aún te preocupe puntualmente, y dirigirla hacia aquello que tú quieres y merece tu atención.

 

Por Úrsula Calvo para

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