Aprender a sentir: Cómo lidiar con las emociones difíciles



Las emociones son uno de los mecanismos de alerta más fiables que tenemos. Nos indican cuándo una situación requiere de nuestra atención y, por tanto, podemos actuar sobre ella, Sin embargo, no siempre nos detenemos a escuchar la alerta… Muchas veces nos dejamos invadir por ella. De esta forma, pierde su función, y pasa de ser una gran aliada a una peligrosa limitación. Pasa de tener una duración de 90 segundos, a convertirse en algo mucho más permanente: una carga emocional. Incluso puede llegar a convertirse en un estado de ánimo permanente, si dejamos que se establezca a modo de enredadera durante demasiado tiempo.

Desde algunas perspectivas, no podemos decir que existan las emociones “positivas” o “negativas”, dado que las emociones no son “malas” o “buenas”; son simplemente energía, activación, y cada una tiene una función distinta. Si la emoción que sientes es miedo es probable que lo que te esté diciendo es “te estás enfrentando a un posible peligro”, y no podemos hablar de que el miedo sea una emoción negativa… De hecho, nos puede llegar a salvar la vida. Lo que sí es cierto es que generan sensaciones más o menos agradables, según lo que quieran indicar.

  • Si lo que se pretende es alertar de que algo puede no ir bien  emociones desagradables
  • Si lo que se pretende es motivar para continuar con ese camino emociones agradables

Este esquema resulta bastante intuitivo… Serían como un detector de metales que pita cuando te acercas al objetivo.

Con las emociones agradables es mucho más fácil lidiar, aunque no debemos descuidarlas porque, como toda emoción, si no se gestionan adecuadamente pueden generar cargas emocionales. La alegría, mal gestionada, puede dar lugar a la falsa euforia, igual que la sorpresa puede provocar la obnubilación. Sin embargo, creo que la mayoría estaremos de acuerdo en que esto es muy infrecuente, mientras que el agotamiento (físico y mental), la frustración, el resentimiento y la culpa… abundan en el mundo que nos rodea. Y, ¿de dónde parten todos estos sentimientos tan tóxicos? De emociones difíciles mal gestionadas.

Muchas teorías hablan de 6 emociones básicas: alegría, sorpresa, ira, miedo, asco y tristeza. Sobre todo las cuatro últimas suelen ser nuestro talón de Aquiles. ¿Cómo gestionarlas? Te proponemos un método maravilloso: El método de las tres A’s: Atención, Aceptación, Acción.

1. Atención pena, observa.

Cuando te enfrentes a una situación emocional difícil, detectar dónde está la tensión en tu cuerpo, tal vez en el estómago, en el pecho, un nudo en la garganta…), y enfoca toda tu atención en esa zona y en la sensación que te produce. No pienses en ello, no lo juzgues como agradable o desagradable, sólo toma consciencia de la emoción y de su efecto en esa parte de tu cuerpo. ¿Dónde sientes más esa emoción?

El cuerpo nos da mucha información. Al igual que en la mente existen los pensamientos, en el cuerpo existen las sensaciones y ambas experiencias, si se observan, están a nuestro servicio. Sin embargo, si no les prestamos la atención que requieren, toman vida propia y se apoderan de nuestras decisiones. Sin darnos cuenta, acabamos sumergidos en un bucle de pensamientos destructivos, o en un sentimiento de depresión, angustia y ansiedad permanentes.
Generalmente, ambas cosas están relacionadas de manera bidireccional: cuerpo ←→ mente. Ambos se retroalimentan y, si no somos conscientes, probablemente ese círculo vicioso no vaya en la dirección que deseamos.

2. Acepta antes de “hacer”.

El primer paso antes de tomar cualquier decisión, antes de tratar de “hacer” para resolver o cambiar una situación, es Aceptarla tal cual Es Ahora.
Permite que esa emoción se manifieste, de forma consciente. Permítete experimentarla… Es la diferencia entre una emoción observada y una no observada: la primera es una experiencia, la segunda es una invasión.

Cuando tomamos consciencia de que la emoción está ahí y de que es perfecta porque está cumpliendo su función, es cuando aprendemos a sentir. Nos limitamos a darle la bienvenida y nos permitimos sentirla.

Acepta. Di "sí" a la emoción y a la respuesta física que te produce, sea la que sea. Evita la negación, porque esa resistencia es la que convierte cualquier situación en un "problema", cualquier dolor en sufrimiento… Simplemente, observa y acepta que Ahora Es. Sólo te está avisando de que algo no funciona y tú ahora, quizá por primera vez, estás en disposición de escuchar… Si la permites salir, no se quedará para dar la lata.

3. Actúa de forma consciente.

Ha llegado el momento de hacer algo en consecuencia. Ya has recibido la llamada de alerta, eres consciente de tu emoción y aceptas que esté ahí… Ahora es el momento de actuar, si lo consideras necesario.

Has tomado consciencia, has cogido la energía que necesitabas de esa emoción, has recibido el mensaje… Ahora sabrás perfectamente cómo actuar, si es que es preciso hacerlo. Y lo harás de forma consciente, liberada de las reacciones que te estaban condicionando, y tomarás las mejores decisiones.
Quizá no debas hacer nada, simplemente darte cuenta de que eres humano, y que los demás también lo son. Sea lo que sea, lo sabrás.

 

Por Úrsula Calvo para

 

Europa Press

 

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